No eres tú, es el maldito neoliberalismo

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Por: Mario Roberto Arteaga.

Partamos del pequeño detalle de que MORENA no se asume como un partido político; se define como su nombre lo indica como un movimiento aglutinado alrededor de una causa o en términos reales de una persona; desde ahí podemos entender que en sus filas se den cita personas con las más variadas ideologías; muy a pesar de que se le ubique a la izquierda podemos encontrar en sus filas a exmilitantes de otros partidos tan disimiles entre sí como el PAN o el PRI bajo el mismo techo de un “It’s a Small World” que alcanza para alianzas con el PES. Por ello no es de extrañarse que en sus filas convivan promotores de la tauromaquia codo a codo con antiespecistas, feministas acompañadas por promotoras antiabortistas, ambientalistas que callan ante un proyecto que dará al traste con miles de hectáreas de selva; la fiesta de la democracia en morena da para eso y más.

Síntomas de lo que en otra institución política serían señales de esquizofrenia aquí son curso corriente de la apuesta por la cuarta transformación del país que va sí o sí, sin importar el punto de destino, lo que urge es un cambio; a la cima o al precipicio, es lo de menos; lo que apremia es romper con el pasado que tanto daño ha hecho y no volver la vista atrás bajo el riesgo de convertirse en estatua de sal o en un montón de ceniza sobre el pastizal.

La amplitud de miras nos da para solucionar el problema de los feminicidios decretando un toque queda para mujeres como el propuesto por la diputada local de Veracruz Ana Miriam Ferráez, que ante la lluvia de críticas tuvo que desistirse de la idea de la cual parecía muy convencida en su momento. En Nuevo León el Diputado local Carlos Leal se sube a cuanta campaña homofóbica se encuentre en redes y entre las huestes no hay quien diga pio. Paco Ignacio Taibo encargado del Fondo de Cultura Económica presume de meterla doblada al legislativo y hasta le justifican porque así habla él. Y bueno, Sergio Mayer… que ya se diagnosticó con dislexia mental después de una larga serie de dislates que no vale la pena recapitular, con “su” padecimiento basta.

Todos estos elementos se aglutinan alrededor de una misma figura, que hoy tiene el privilegio y la responsabilidad de ostentar el poder ejecutivo del país, artífice del cambio, principio y fin de la solución nacional, el alfa y omega de la esperanza. El problema es que nuestro presidente es proclive a enfocar los problemas nacionales con los anteojos de sus propias filias y fobias, y que hay que decirlo esto tiene una resonancia extraordinaria en la población, consolidando su estilo de gobierno en el combate al enemigo, que siempre es el mismo y si bien tiene muchos nombres (la mafia del poder, el PRIAN, la corrupción, Salinas) es uno sólo: el neoliberalismo.

No, no hay intención en este espacio de hacer la menor defensa de ese modelo económico; sí en cambio de poner el acento en un defecto frecuente en el discurso del presidente López Obrador, el de la irresponsable ligereza de ofrecer culpables sin conocer y mucho menos entender a profundidad los problemas del país, afecto a hacer declaraciones sin datos y bajo el amparo de la sabiduría de su sempiterna calidad moral. Ahora, por ejemplo, le dio por culpar al modelo neoliberal del incremento de divorcios, como sí el estado civil de la población fuera un problema nacional que merece la atención del Estado, mismo que no tiene ni debe tener injerencia en la vida privada de las personas. Salta la duda ¿Sabrá el presidente que Cuba ocupa el segundo lugar en divorcios en américa? Riesgos pues, de confiar en las dotes de oratoria que enciende multitudes y desestimar la frialdad de los datos duros, ya no se diga de analizarlos.

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